Esta es la dirección con la que estás ahora en internet, con todo lo que una web puede leer en ella.
Una dirección IP es el número con el que tu dispositivo es localizable en internet. Cada web que abres la ve, porque sin esa dirección el servidor no sabe adónde enviar la respuesta. Te la da tu proveedor, y en la mayoría de contratos cambia de vez en cuando.
¿Ves dos direcciones arriba? Entonces tu conexión funciona en dual-stack. La corta con puntos es IPv4; la larga con dos puntos, IPv6. En España el despliegue de IPv6 va despacio: con muchos operadores sigues recibiendo solo una dirección IPv4. Donde está activo, tu navegador lo elige en cuanto una web lo admite.
En tu router suele aparecer una dirección muy distinta. En casa, todo el hogar comparte una sola dirección pública, y detrás de ella el router reparte direcciones privadas que empiezan por 192.168 o por 10. Con el internet móvil se va un paso más allá: por el CGNAT, a veces cientos de clientes comparten la misma dirección pública.
Casi siempre. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea considera dato personal incluso una IP dinámica, porque junto a los registros de tu proveedor lleva hasta una única línea. Tu proveedor solo puede entregar ese vínculo en casos excepcionales.
Tu router muestra la dirección de tu red doméstica. Hacia fuera, todo tu hogar usa una sola dirección pública, y esa es la que vemos nosotros.
Con la mayoría de proveedores, sí. Tras reiniciar el router o tras un mantenimiento sueles recibir otra dirección. Una IP fija suele ser una opción de pago en un contrato de empresa.
Hasta tu ciudad o tu región; de ahí no pasa nadie de fuera. Qué línea corresponde a qué dirección solo lo sabe tu proveedor, y no lo suelta sin más.
Sí, las webs ven entonces la dirección del servidor VPN en lugar de la tuya. El resto de lo que delata tu navegador sigue a la vista.